Opinió

Demagogia

Después de afeitar las rentas futuras de funcionarios y pensionistas, el gobierno socialista cultiva la demagogia de la repartidora: aquellos que más tienen deben efectuar un sacrificio que, por supuesto, debe ir más allá de la progresividad el IRPF. No se ha concretado nada. Se habla de una mayor tributación para las grandes rentas, de una reaparición del impuesto sobre el patrimonio, de una mayor fiscalidad para las sicav. La consigna es  apretar a las grandes fortunas, concepto que suele confundirse con los ingresos de las clases medias instaladas en un cierto bienestar.
El Consell Executiu de la Generalitat también se ha subido a esa ola redistribuidora y ha decidido incrementar la carga fiscal de los ciudadanos con rentas más elevadas, un proyecto que debe tener una materialización efectiva  en pleno mes de julio. La cuestión es hasta dónde debe ir la progresividad sin afectar a la justicia y la eficacia recaudadora, Y otro tema no menos importante es a partir de qué renta se pasa a formar parte del capítulo de fortunas virtuales.

Afirmar que el pato lo pagarán los ricos es un guiño a la galería, una muestra más de la demagogia gestual del zapaterismo. Además, cebarse en una parte muy pequeña de la población puede favorecer la deslocaliación de capitales, la emigración del dinero a otros lares con lo que los efectos podrían ser muy distintos a los deseados.
Catalunya se apunta al redoble fiscal al proponer un aumento del tramo autonómico del IRPF. Esta comunidad ya va por delante en el impuesto de transmisiones patrimoniales y en el de sucesión y donanciones. Los ricos de verdad se van yendo sin hacer ruido.

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