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Un daño irreparable

El movimiento vecinal con vocación reivindicativa surgió durante la dictadura franquista y desde entonces se ha mantenido activo. Un movimiento basado en el trabajo de cientos de mujeres y hombres que, altruistamente, han dedicado su esfuerzo, tiempo y algo más, en aras al logro de unos barrios en los que poder vivir dignamente y una ciudad que disponga de los equipamientos e infraestructuras necesarias, respetando el entorno y el medio ambiente con criterios de sostenibilidad. Y en todo ello la Federació d’Associacions de Veïns de Sabadell (FAVS), como coordinadora de las entidades vecinales, se ha convertido en punto obligado de referencia ciudadana.
Gracias a esa tenacidad, en los barrios, a través de las asociaciones de vecinos se realizan anualmente cientos de actividades de todo tipo  y a nivel de ciudad, la FAVS, coordina toda esa actividad, asesora a las asociaciones, mantiene una atención directa a miles de personas anualmente por medio del Servicio de Defensa del Consumidor -SEDECU-, o impulsa campañas informativas, de sensibilización o reivindicativas sobre temas de interés general (la defensa de una sanidad pública y de calidad o contra los recortes sociales que estamos padeciendo, etc.). Un movimiento que agrupa a más de 20.000 vecinos que participan a distintos niveles e intensidades en esas actividades.
Es evidente que para desarrollar ese trabajo (parte del cual, de no existir las asociaciones de vecinos, lo debería asumir el propio Ayuntamiento), se requiere unos recursos, pero también la sensibilidad y el respeto de los poderes públicos. Los recursos humanos los aporta exclusivamente el movimiento vecinal y buena parte de los recursos materiales y económicos necesarios vienen de la administración.
Pero lamentablemente, no siempre los poderes públicos parecen comprender que para cualquier movimiento social la independencia política resulta esencial y pretender una sumisión a los intereses políticos implica su desnaturalización. Por eso no es entendible la cicatería económica de los últimos años y, aunque no queremos pensar que existan oscuros motivos para ello, lo cierto es que, todavía, tanto la FAVS, como determinadas asociaciones carecen de un local para reunirse y, hasta el momento, el Equipo de Gobierno ha sido incapaz de aportar una solución para que la FAVS disponga de una sede para desempeñar su trabajo en condiciones mínimamente adecuadas, y para acabar de cerrar la cuadratura del círculo, ahora al recortar brutalmente la subvención pone en serio peligro su supervivencia.
Por increíble que parezca, semejante escenario está propiciando las condiciones para algo que la dictadura no consiguió: acabar con un movimiento reivindicativo, plural y participativo. Efectivamente, de no poner remedio rápidamente, nos veremos obligados a cerrar el SEDECU en las próximas semanas, prescindir de la persona que lleva las tareas administrativas y abandonar la actual sede, por carecer de recursos para hacer frente a los gastos. Tan drásticas e irremediables decisiones, dejarán herido de muerte a uno de los baluartes del movimiento asociativo de Sabadell y a los vecinos sin un instrumento fundamental asociativo, y semejante disparate tiene unos responsables con nombres y apellidos.

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