Opinió

Población

Según el padrón de 2008, el 27% de la población catalana de 15 a 29 años ha nacido en el extranjero, o sea, que son catalanes de adopción. En Catalunya residen  370.000 jóvenes de 150 países distintos. El porcentaje de extranjeros es mucho más elevado en esas edades que entre los ancianos, lo que invita a reflexionar sobre el futuro de Catalunya.
Y de los alumnos escolarizados en Catalunya, algo más del 40% son de origen foráneo, con predominio de los latinoamericanos, colectivo que en algunas ciudades del cinturón metropolitano alcanza proporciones elevadísimas. La crisis, y la recuperación de otras economías, quizá frenará la intensidad de un proceso que, combinado con la baja tasa de natalidad de los autóctonos, está provocando una revolución demográfica a ojos vista.

La demografía catalana está sujeta a un cambio fortísimo. A la luz de esa realidad quizá hay que otorgar crédito a los que han expresado conclusiones dolientes sobre la decadencia de Catalunya, desconfiando sobre la aportación de otras levas o, por el contrario, hay que confiar en la probada capacidad de asimilación e integración que ha demostrado este país, históricamente construido con materiales muy diversos.
Quizá habrá que analizar la experiencia de países próximos que han vivido el choque cultural y étnico antes que nosotros. Y esa realidad tiene aportaciones positivas y negativas con las que hay que convivir. El problema de Catalunya es el carácter explosivo de la inmigración –un fenómeno intenso y rápido- y su fuerte concentración geográfica. Y su irreversibilidad: la mayoría de los que han venido lo han hecho con voluntad de quedarse.

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