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Opinió

Soberanismo

A lo largo de los últimos años y coincidiendo con los años de plomo de la crisis y los recortes, el independentismo ha sido el gran tema, casi el monotema, de la política catalana. Mas y Junqueras, o viceversa, han polarizado ese discurso y han arrastrado al resto de partidos a tomar posición y a involucrarse en el debate.El proceso está siendo largo, no podía ser de otra forma, y ha servido para que aumente el número de independentistas. Como es sabido se mantiene un número elevado de ciudadanos refractarios al secesionismo y otro grupo no menos importante se confiesa indeciso, no ve las ventajas del cambio, y opta por estar a la espera. Durante los últimos tiempos el soberanismo catalán ha acreditado su capacidad de movilización. Pero esa efervescencia no es fácil de sostener y requiere el paso por las urnas para evitar el cansancio y el hartazgo de la ciudadanía y del propio movimiento soberanista.

Las elecciones son un factor de inestabilidad, de incertidumbre, pero conviene despejar algunas dudas, o cuando menos encajar algunas piezas de un damero muy complicado. Mantener ocho meses, municipales incluidas, el ánimo inflamado no va a resultar nada fácil. La sostenibilidad del proceso es uno de los retos del independentismo, y el movilizar a los tibios y contrarios a la secesión es la asignatura pendiente de los unionistas.

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Ocho meses dan para mucho. Falta por ver cómo influye la recuperación económica en el electorado y medir la incidencia electoral de los nuevos partidos políticos que disputan el terreno a los tradicionales. Ocho meses son muchos meses.

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