Aunque algunos se empeñen en negarlo, las elecciones primarias tienen siempre un aire guerracivilista, de confrontación fratricida entre compañeros, que no amigos. Eso es lo que sucede en la lucha por el liderazgo el Psoe. Los candidatos, convertidos en cazadelegados, ya no esconden sus estrategias y sus apoyos. Ahora tocará a los delegados, con voto secreto, decidir su suerte en el Congreso Federal de este fin de semana; su suerte y la del partido, que a veces se confunden.
Un periodista ha calificado al Congreso de ni-ni, ni Rubalcaba ni Chacón, lo que resume el sentimiento de muchos a los que no convencen las candidaturas en liza. Pero como no hay más cera, ni tercera vía, los convocados deberán elegir al menos malo, una disyuntiva nada fácil. En teoría el mejor para el partido debe ser el que sea peor adversario político frente a los populares, el que tenga más cuajo y capacidad para superar la dura travesía del desierto que espera al partido.
La confrontación se perfila como la de dos socialismos: el de Felipe, las raíces del moderno Psoe, la vitola del “number one”, el amo de la franquicia; y por otra parte el legado del zapaterismo, el feminismo, la España plural con acentos, la de planteamientos volátiles. Y junto a ello la lucha por el poder político, económico y mediático, que casi van de la mano.
El comando Rubalcaba, experto en campañas y guerras, no siempre limpias, intenta rebajar el proyecto, eso que llaman nuevos tiempos, de Chacón. Las heridas y daños colaterales de la confrontación van a causar estragos. Las primarias tienen como objetivo reforzar el partido, pero puede suceder justo lo contrario.


Frío
Para que el invierno no pase con regusto de primavera avanzada, para que nos olvidemos del cambio climático, ha llegado una ola de frío polar. La ola siberiana ha llevado los termómetros a bajo cero y ha disparado las alertas en una sociedad poco acostumbrada a las bajas temperaturas. La meteorología es a menudo una ciencia que predice con bastante aproximación lo que va a suceder, y lo cierto es que llevaban días anticipando lo que se avecinaba.
Se ha registrado una combinación perfecta, explosiva, que une el anticiclón, la borrasca y corrientes de aire gélido. Las rachas de viento contribuyen a que la sensación térmica llegue hasta límites casi árticos. Así, pues, los más prudentes tienen argumentos más que sobrados para quedarse en casa bien arropados, una de las formas de hacer frente a este temporal de temperaturas mínimas que no deja de ser pasajero; las olas, por definición, son fugaces.
Las nieves quedan para las alturas y en buena parte del territorio quedan las trazas de una fina capa de harina, nada en comparación con las grandes nevadas archivados en el imaginario colectivo. De todas formas si la nieve se acumula en las cumbres, algo que está por ver, se asegurarían las reservas hídricas y se ahuyentaría el fantasma de la sequía y las restricciones, una amenaza que nunca nos abandona.
Padecemos una ola de frío que rompe por unos días la bonanza climática tradicional que nos acompaña. Lo de año de nieves, año de bienes, queda para mejor ocasión. La actividad está congelada, bajo cero, reservando energías en espera de unos mejores momentos que nadie sabe cuándo llegarán.