Opinió

Escocia

En la hoja de ruta del 9-N existía un hito subrayado con trazos intensos, la Diada del 11-S, y otro que también estaba marcado en rojo :el 18-S, el referéndum escocés. Para algunos la cita escocesa no tenía nada que ver con la planteada por el nacionalismo catalán, por aquello de que Escocia no es Catalunya. Pero aunque muchos insistan en que es un error buscar similitudes entre ambos procesos, aquí se han seguido con pasión los acontecimientos de Escocia.

Lo de Escocia ha sido observado con interés por todos los independentistas del planeta, que son muchos los territorios con esos sentimientos reivindicativos, y por los que defienden planteamientos de otro signo. Y las lecturas de la consulta se hacen en claves muy distintas según el color con que se miran los datos salidos de las urnas.

Parece evidente que las encuestas no han estado muy acertadas, y que el “no” ha superado el “sí” por un margen más elevado del que indicaban los sondeos. Quiere ello decir que el independentismo, más beligerante y movilizado, más irresistible en términos emocionales, no ha podido con la mayoría silenciosa, temerosa y menos visible y activa, pero decisiva a la hora del recuento de papeletas, que han sido más de las que se esperaban.

Después del “no” se van a replantear algunas estrategias, pero el ganador político ha sido el “sí”, que ha crecido en los últimos tiempos. Escocia se ha dividido y está por ver qué sucederá. El nacionalismo, ese ideal que es algo más que una expresión romántica, está muy vivo y el proceso no puede darse por cerrado. Un 45 % de los votos es un porcentaje que obliga a replantearse la dialéctica de vencedores y vencidos.

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